Toda experiencia tiene lugar en el momento presente, ayer, el pasado ya no existe; mañana, el futuro tampoco existe aún. Lo único que tenemos es el presente.

¿Cuánto tiempo y energía gastamos en rememorar momentos pasados, en planificar el futuro? Vivir en el presente es la única forma de encontrar la plenitud, estar donde se está, hacer lo que se hace, entregarse a la experiencia del momento presente, relaccionándonos con lo que hay, no con lo que está ausente.

Si estamos pensando en ayer o mañana, estamos dejando pasar el presente y muchas veces así es como se nos escapa la vida, mientras nuestra mente parlanchina salta como un mono de rama en rama, del pasado al futuro, del futuro al pasado, y ninguno de los dos existe, la vida está pasando en el presente y no nos estamos enterando de ella, estamos sí, nuestro cuerpo está siempre en el presente, pero la mayor parte del tiempo no estamos enteros, no nos entregamos.

En mi experiencia personal, tanto la Gestalt como la meditación Vipassana han facilitado mi aprendizaje para estar en el presente, haga lo que haga. Sí, los pensamientos siempre vienen, la mente no para, pero puedo darme cuenta observándola de cómo así intento escaparme del momento actual o de cómo en el presente me voy y hacia dónde me voy, e incluso cuales son mis tendencias de escape, qué tipo de pensamientos aparecen y en qué situaciones, si veo esto sin juzgarlo sin rechazarlo ni apegarme a ello, puedo ver cuándo quiero salir de mi presente, en qué situaciones y hacia dónde quiero irme.

¡Conócete a tí mismo!

Es normal e incluso sano, hacer planes o reflexionar sobre acontecimientos pasados, pero siendo consciente qué eso lo estoy haciendo aquí y ahora, o sea en el presente, porque lo elijo y así lo quiero, es una acción, no una reacción, yo dirijo donde quiero entrar, cuando y para qué, y no el mono saltarín que me lleva de rama en rama sin pedir que le acompañe. La conciencia testigo me permite observar y darme cuenta de lo que sucede en mí y comprender que yo no soy lo que sucede, que soy algo más y que puedo observarme. Como cualquier ciencia sabe, el obsevador modifica lo observado, y cuando el observador y el observado son el mismo, este también se modifica, simplemente porque no se identifica, solo ve lo que acontece, lo que sucede.  Esto nos libra del sufrimiento, aunque no del dolor, pues este, nos guste o no, es parte de la vida.

Tanto el dolor como la dicha son impermanentes, como el tiempo, como la vida. Si los observamos sabremos que vienen y van y que no podemos retenerlos, ni evitarlos, por mucho que nos esforcemos, al tratar de retener la dicha o evitar el dolor, lo único que hacemos es sufrir por pretender escapar o aferrarnos a nuestro presente.

Vive aquí y ahora con lo que hay, pues es lo único real para tí en este momento.